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jueves, 2 de abril de 2020

Reflexión y agradecimiento




Por Prudencio Cabezas Calvo 
Ubrique 11 de Mayo de 2017
Anteayer, al atardecer, podrían ser las 7 y 30 de la tarde, cuando iba en el coche de mi hijo Pruden, sin cinturón, distraídos charlando, en un stop de la plaza de la Estrella, se nos acercó el policía de turno en dicho lugar y con toda cortesía nos requirió a que subsanásemos la falta apuntada.- Nos apresuramos a normalizarnos no sin antes expresarle nuestra gratitud y pedirle perdón por nuestra omisión.-

Como no siempre es este el comportamiento, estuve pensando la causa de su ausencia.-

Recordé que en los regímenes autoritarios donde se parte del error de que todos somos perversos y que actuamos de mala fe, los vigilantes del orden, se limitan expeditamente a reprender y multar.- El presupuesto de la acción violenta punitiva desde las más altas esferas a las inferiores y justificación de su autoritarismo es - repetimos-precisamente el concepto de la malevolencia que tienen de la sociedad posiblemente y tal vez la excepción meliorativa de ellos mismos.-

Por el contrario en la democracia prevalece el criterio que aún admitiendo la complejidad humana que no está exenta ni de la maldad ni de la benevolencia la forma en que predomine la segunda por reciprocidad es tratarla correctamente y presumir inocencia en los comportamientos no ejemplares.-

Tal vez otro día refiera sobre la maldad la actitud más correcta que no es simplemente condenarla sino tal vez entenderla para superarla.- Reiteramos nuestra gratitud a superiores y auxiliares cuyo comportamiento elogiamos.-

martes, 31 de marzo de 2020

Reflexiones

Reflexiones de Prudencio Cabezas


Por Prudencio Cabezas
Dice un filósofo que más doloroso que la propia extinción, es asistir a la desaparición de la sociedad en que uno se ha criado.
Cuando se comprueba la frivolidad, malevolencia o inconsciencia, o las tres a la vez, con que actúan algunos de los personajes que simulan regir alguna de nuestras Autonomías y que pretenden separarse de las demás regiones que forman la nación española, temblamos; porque tenemos experiencia que la maldad se propaga más fácilmente que la bondad, tememos que se disuelva nuestra sociedad. Es verdad que algunas de nuestras actuaciones en el mundo distaron mucho de haber sido maravillosas; pero hay que considerar que nuestros defectos fueron compatibles con la realización de empresas de suma importancia y gran trascendencia para el mundo, y concretamente para Europa.
            La tozudez suicida, con que actúan nuestros políticos, nos trae a la mente cierta confidencia que nos hizo nuestro amigo y paisano Pedro Zarco Gutiérrez Arrese. En una de las frecuentes visitas, de las que hube que hacerle por mi precaria salud, allá por los años en los que actuaba la banda ETA con la máxima virulencia criminal, cuando era reo de muerte quien discrepaba de su igualitarismo – como todos, esterilizantes -, cuando asesinaba indistintamente tanto a políticos de derecha como de izquierda; cuando a los partidos moderados les costaba encontrar candidatos para simples concejales, fue entonces cuando nuestro amigo que era militante con carnet del Partido Comunista, se personó en la secretaría del Partido Popular, ofreciendo su colaboración para presentarse como candidato a concejal en Vasconia si lo precisaban. Como era presumible en aquellos años de más cerrazón que aún persiste, fue denegado su ofrecimiento.
            Pero lo más lamentable es que ni la izquierda ni la derecha dieron publicidad, dados los enormes medios de difusión que poseen, de este gesto de valor y patriotismo de un hombre para quien la Patria, la colectividad, estaba por encima del interés de su Partido.
            Lo que acentúa nuestra angustia es que aún persiste la estrechez mental de los partidos con la cual fomentan la disgregación de la Nación y hacen más triste y más tenebroso nuestro futuro.
Firmado: Prudencio Cabezas Calvo, nonagenario que vivió la tragedia de la Guerra Civil con plena conciencia.

sábado, 28 de marzo de 2020

Artículo de opinión

Asistimos a un nuevo renacimiento del fanatismo, la incomprensión y la intolerancia; ello es debido en parte, tal vez principal, a la inhibición de los llamados a atajarlos con su decisión y su ejemplaridad; como consecuencia, vuelven a brotar odios y ansias de venganza. Digo en parte porque como en todo lo humano, en el reverso de la indecisión de unos está la osadía y la arrogancia de los demagogos. Es cosa bien sabida que la gobernación no puede realizarse más que con la colaboración de la opinión pública y cuando una sociedad carece de ella por deserción de las minorías incapaces de estructurarla, su lugar es ocupado por los empresarios de la invertebración y caos de las naciones.
La comprensión del prójimo requiere más esfuerzo y constancia que la simpleza nihilista que niega cuanto difiere de sus utopías, resentimientos o frivolidades. O acaso odie más el resentido el entusiasmo que siente el hombre normal por la vida, con sus tristezas y alegrías y el esfuerzo que requiere de superación permanente.
Cuanto precede me impulsa a repetir el suceso que allá en los primeros meses de 1.945 fue parte activa uno de nuestros antepasados. Ya habían sido derrotados los dos principales aliados de Alemania en su empeño bélico de destruir todo vestigio de la cultura y civilización Occidentales. Como consecuencia, aquellas personas cuyas actuaciones, en el fratricidio español, habían carecido de limpieza, sintieron o fueron víctimas de una hiperestesia de temor de venganza de los vencidos. Provocada por su angustia propalaban calumnias comprometedoras injuriosas sobre personas que habían permanecido imparciales en la contienda; la más frecuente si disponía de una situación económica de cierta estabilidad era atribuírsela a organizaciones subversivas.
Provocados por estos sentimientos, imprecaron a nuestro antecesor, que vivía de su trabajo: ¿de qué vivía?. Exasperado respondió: “En la Guerras Civiles hay en ambos bandos voluntarios y reclutados por los que mandan.- Todo combatiente puede matar pero su terrible acción queda atenuada o pierde toda su gravedad por el hecho que corre el riesgo de ser muerto ; pero quien mata en la retaguardia cualquiera que sea su color es un asesino”.
Nosotros completamos el juicio de nuestro predecesor: quien en la paz propaga el odio, tiene la misma calificación de los que privan de la vida a sus semejantes.-
El odio es como un árbol podrido pero eterno que pretende contagiar y matar a los demás árboles.- 
Firmado: Prudencio Cabezas Calvo

  a mis nietos y sus amigos Debido a la frustración que constituía la normalidad de los niños que tuvieron la desgracia de llegar a la ado...